Padre y Maestro

El padre María Eugenio es un padre y un maestro.

Es un padre que transmite el amor que recibe de Dios y que da a conocer la bondad del Padre de la cual participa. Como carmelita, es hijo y discípulo de santa Teresa de Jesús, de la que él mismo dice en su libro Quiero Ver a Dios: “Escuchen a santa Teresa, ardiente y luminosa, extremada en sus deseos y discreta en sus consejos, sublime y equilibrada, alma regia, maternal y divina, el genio humano en lo que hay de más concreto y universal”.

En 1926 el doctorado de San Juan de la Cruz le permitió acercarse a las enseñanzas de este santo, a tal punto que al final de su vida pudo decir: “En el fondo de mi alma, vivo con san Juan de la Cruz”. Desde su juventud, fue cautivado por la persona y el mensaje de santa Teresita del Niño Jesús… “He comprendido lo que es la Misericordia. Santa Teresa del Niño Jesús sintió su suavidad, yo siento su fuerza”.

El padre María Eugenio ha acogido la doctrina de los tres Doctores de la Iglesia, la ha vivido, sintetizado y enriquecido con su propia experiencia espiritual. Actualmente, la universalidad de su mensaje está probada por el número de idiomas a los que se han traducido sus libros.

Tenía siempre un objetivo: coger de la mano a sus lectores y auditores para ayudarles a avanzar, cada uno a su ritmo y al de Dios, hasta la plenitud del amor. El amor viene de Dios, transforma los corazones, abre al Espíritu Santo, mantiene la fidelidad a la oración, a pesar de la oscuridad de la fe y se expresa en el don de uno mismo para el crecimiento de la Iglesia. El Espíritu de Amor crea los profetas y los santos. De todo ello, es testigo nuestro Beato.

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